Pobre Sevilla. Pequeños zulos
Yo veía desde aquí unos chismes muy raros en la Plaza Nueva y otros sitios que han “tomado” para hacer de ellos lo que les dé la gana (seguro que en sus casas no les dejan mover ni una silla). Hoy los he visto con claridad aunque no distingo lo que representan: se trata de unos cubos formados por barras metálicas y que en cada una de sus caras hay unos cartones con no sé qué tonterias: algo de lo más “culto”, que al que los ha inventado se le habrá quedado la cabeza hueca, pero los bolsillo seguro que no.
A mí se me antoja que esos artefactos vendrían muy bien para introducir en cada uno de ellos a estos de la movilidad, y que se dieran una vueltecita para mofa de los transeúntes, que es lo que se merecen; por lo menos, que suden algo y a ver si de camino se les rompen los bolsillos y van desparramando algo de lo mucho que se llevan.
EL GIRALDILLO
Qué hipocresía más cínica
¿Cuántas veces oigo y veo a algunos fantoches que por hacer un numerito sin saber de qué va se ganan un dinero? O sea, en contra de la fiesta de los toros, cuyas corridas veo desde aquí cuando el viento me lo permite. Estos jefecillos creen que son alguien para imponer lo que ellos quieren que hagan los sevillanos. ¡Qué error! Lo que les da es más ganas de hacer lo contrario.
Quieren “culturizar” al personal. ¿Por qué no empiezan por ellos? La fiesta de los toros, como todas las tradiciones, es cultura, y además una pelea entre un animal, que tiene todo el derecho del mundo a defender su vida y además lo hace con bravura y con nobleza, y un hombre valiente que expone la suya para que esa conjunción de bravura, valor y arte se convierta en un espectáculo único. Yo me pregunto: si tanta lástima les da de los toros, ¿por qué matan a los animales indefensos en las cacerías y luego presumen de presas?
Y ahora viene lo peor, que me he horrorizado al enterarme. Esos, a los que les da pena de los toros, permiten que una mujer casi niña, a causa de un “calentón”, se quite de en medio impunemente (¡y de qué forma!), como si fuera un grano, el objeto que es consecuencia molesta de ese ratito.
Los animales tienen otra moral.
EL GIRALDILLO
Pobre Sevilla. El fracaso de un salvaje ha ayudado a algunos
He oído más de una vez que Dios escribe derecho con renglones torcidos, o algo así, y este ha sido el resultado de la fechoría de un hombre sin fortuna, que al no saber cómo descargar su odio hacia los que no piensan como él, ha intentado ofender a Dios, o sea, al Señor de Sevilla, al Gran Poder.
Le ha salido el tiro por la culata.
Puede que algunos, por las circunstancias que sean, hacía tiempo que no pisaban su Basílica, pero ha bastado esta salvajada para que sevillanos de todas las condiciones estuvieran desde el amanecer haciendo cola en su puerta para rendirle su homenaje y desagraviar al que todo lo puede y que seguramente ya ha otorgado su perdón.
Qué alegría ver desde estas alturas a Sevilla comportándose como lo que es: una señora que nunca abdicará de sus convicciones, aunque algunos quieran convencerse de lo contrario. Ni una palabra más alta que la otra, ni un reproche, ni una ofensa. Silencio.
Ahora dirán que estos hechos han ocurrido incluso fuera de nuestras fronteras. La justicia, según a quien le toque juzgarlo, así lo interpretará: el Código Penal tiene muchos vericuetos. Sea como sea, para Sevilla es un vil atentado hacia una Imagen que para ella representa al Dios verdadero. Allá cada cual con su conciencia. Me refiero a los que la tienen; los demás son bultos con ojos.
¡Qué impresionantes son los silencios de Sevilla!
EL GIRALDILLO.
Pobre Sevilla. La “espantá” obligada.
Se están resistiendo como gato panza arriba y, según oigo, se miran con desconfianza porque no se fían el uno del otro. Ya ven, tanto “aquí mando yo” y mucha vara de mando (¿se la llevará de recuerdo?) hasta en las cofradías, aunque sea por obligación, o también por sentimientos ocultos inconfesables y políticamente incorrectos, y ahora ¿qué?
Desde luego no creo que le canten las sevillanas del adiós; mejor sería aquella canción que oí tantas veces, la del “Adiós Pampa mía”… Había otra que se refería a un reptil, pero vamos a dejarlo aquí. Lo que más le agradecerían los sevillanos es que no se olvide de su mano izquierda y le pague un viajecito, ellos que son tan dados a atravesar el charco, pero con billete sólo de ida. Sería el dinero mejor empleado después de tanto derroche y tanto chanchullo.
Me acabo de enterar de que el fulano de los veinticinco mil votos va a tirar el dinero de los sevillanos contratando a un grupo pro-abertzale para un concierto en la Alameda; o sea, que además de ser rojo de los malos, es simpatizante de los otros. ¿Pero es que no hay nadie que le dé a este individuo con esos miserables votos en todo el careto y lo encierre donde hace tiempo debía estar?
EL GIRALDILLO
Pobre Sevilla. ¿Quién se irá antes?
¿Quién se irá antes? ¿El temporal o quien dijimos? Que hasta aquí llega de todo. La verdad es que yo estoy harto de tanto remojo, y después llegan los cuarenta y tantos grados y esto no hay quien lo entienda. No hay derecho, no me dan tregua. ¡Ay esta Sevilla mía, que no tiene término medio! Aquí no llueve, diluvia, y cuando se trata de otras cosas, si cae uno, ¿cuántos irán detrás? ¡Ah! Todo llegará. Dicen que hay un refrán que sentencia “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”.
Señor Alcalde: creo que habrá aprendido que nadie puede decir “esto se va a hacer, sí o sí”. Pues ya ve qué pronto le han dicho “no, o no”. De lo que no me he enterado todavía es de cuándo. ¿Ve como todos tenemos a alguien que nos puede? Máxime cuando en realidad todos los que están ahí abajo son unos asalariados de una forma u otra.
Si me permite un consejo, aunque sólo sea por mis años y por lo mucho que llevo visto y oído, despéguese ya del sillón y, si quiere que los sevillanos le agradezcan algo, tire de la cuerda y noquee al de la pipa. Qué buen remate. Ave César, los que van a caer, ¿se irán alguna vez?
EL GIRALDILLO
Ojú, la que se puede liar
Porque con la comida de las personas no se juega. Si a ustedes les sobra, hay muchos que no tienen ni para un café. Ayer oí el comentario de un grupo que estaban echando chispas: “Por lo visto, todavía no se han enterado de los cinco millones de parados. Claro, ellos siguen viviendo en Jauja”. Se referían al gobierno y demás comparsa, supongo.
Decían que ahora les han rebajado la paga a los pensionistas, y hay rumores de que esto pueda ir a peor. Pero ellos, que son incapaces de salir de este embolao, no tienen lo que hay que tener no sólo para prescindir de muchas de sus prebendas, sino para reducir tantos enchufes de amigotes y exigir al que haya metido la mano donde no debía que devuelva íntegro lo que se ha llevado. Nada más que con esas devoluciones se podían arreglar muchas cosas, y el que esté libre de pecado que levante la mano, ¿a que no?
EL GIRALDILLO
¿No será una chirigota?
Esto de marear al personal poniéndolo de mala uva cada día con una nueva barrabasada no es más que uno de sus métodos elucubrantes para tapar los embrollos y líos que vienen engrosando sus ya más que sabidos chanchulleos, y son tan necios que se creen que los sevillanos se van a dejar engañar de esa forma tan burda.
Pues ni que se lo piensen, porque aquí arriba se oye cada cosa que da vergüenza y parece imposible que puedan ocurrir en una sociedad ¿democrática? Ja, ja, ja.
Creía que a estos individuos que viajan tanto(a costa de los ciudadanos) se les “pegaría” algo de cultura por lo menos, pero nada, sólo absorben lo peorcito de cada sitio y así se comportan como tiranos.
Hoy me he enterado, y no me lo termino de creer, de lo que quieren hacer con los vehículos que entren en el centro de la ciudad: si permanecen estacionados más de 45 minutos, tendrán que pagar una multa de 90 euros. Eso es robar por la cara sin ponerla, y lo demás son cuentos. ¿En qué cabeza cabe esa baladronada? O sea, que si una persona tiene familia en el centro y quiere visitarla, la tendrá que llamar antes para que cuando llegue con el coche se asomen al balcón…
¿Chiste o cruda realidad de estos descerebrados? Y que no se van…
EL GIRALDILLO
No debe ser un negocio
No, es una obligación de la Junta de Andalucía y una responsabilidad del Ayuntamiento.
No se puede acoger a personas discapacitadas en locales privados que aunque respeten todas las normativas son construcciones “caseras” cuyos servicios están condicionados al poder adquisitivo de los usuarios, y tengo más que oído que no hay muchas familias que puedan sufragar cantidades importantes, y esto va en detrimento del mantenimiento de un negocio a costa de personas que dependen de unas circunstancias adversas.
Conozco, porque lo veo cada día, el deterioro en que se encuentran, por ejemplo, muchos conventos cuyas monjitas están cobijadas en los espacios “menos peligrosos”. Con muy poco dinero se podrían aprovechar esos espacios y convertirlos en geriátricos dignos con profesionales especializados que ahora están en el paro, añadiendo lo que cada familia pudiera aportar (debería ser un servicio social). El amor que recibirían de las monjas y las tareas que se les podrían encomendar harían la vida de estos seres más segura, agradable y confortable.
Seguro que esto costaría mucho menos que el carril bicitorrijiano y otras muchas cosas que todos sabemos. Lo que ha pasado en Nervión no debe ocurrir más, y a ver si tenemos más conciencia porque muchos que ahora miran para otro lado puede que algún día se encuentren en circunstancias similares.
EL GIRALDILLO.
Pobre Sevilla. ¡Más madera!… Y menos cara, diría yo.
Esto de la madera lo estoy oyendo desde hace unos días en plan de pitorreo, y no sabía la causa hasta que por fin, atando hilos, y voces que me llegan, he logrado enterarme.
Por lo visto, se trata de los horripilantes mamotretos que llevan años queriendo por “calzones” instalar en un espacio tan bonito en el mismo centro de Sevilla, donde había una plaza de abastos y unos jardines con su fuente y sus bancos (de hierro, no como los de la Puerta de Jerez, por favor) donde daba gusto pasear: la Encarnación. Dichos mamotretos, que se comen todo el espacio oscureciendo su entorno, los inventó algún descerebrado concibiendo su ejecución con unos materiales incompatibles con nuestro clima, por lo que tuvieron que rectificar y desechar todo lo construido (qué más da, milloncejo más o menos)hasta que un listillo descubrió unas planchas de madera que tienen que traer de Alemania y que valen… Pero los dichosos cacharritos, a los que llaman setas (venenosas para el bolsillo de los ciudadanos) son insaciables, y cuanta más madera les ponen, más piden, y claro, los alemanes, que conocen con quién se la juegan, no sueltan ni una tabla sin previo pago, y hacen muy bien. Así que hay para rato con el inventito. De ahí la frasecita.
Y digo yo: en lugar de pagar el triple o quién sabe si más por esas mamarrachadas y tantas como llevan hechas encargando trabajos a gente sin oficio (pero con beneficio) ¿por qué no terminan tantas obras innecesarias y, si quieren darles trabajito a familiares y amigotes, que los pongan a barrer las calles, que buena falta hace?
EL GIRALDILLO.
La nariz de Pinocho
Si esta leyenda se hiciera realidad, no iba a caber nadie en la Plaza Nueva. Lo que yo me iba a reír desde aquí arriba al verlos entrar en la Casa de tócame Roque con dos metros de fosas nasales delante de sus caras… Mienten hasta cuando no quieren, pero hasta para ser embusteros hay que tener memoria, y no que se repiten más que los pepinos. Cada día se inventan una historia creyendo que con eso van a tapar las fechorías anteriores. ¡Hay que ser cretinos!
Hoy me he enterado de algo indignante: resulta que el Alcaide (¡ojú!) de los Reales Alcázares, que como tiene la cara tiene los hechos, ha estado utilizando estos emblemáticos edificios, patrimonio de la Humanidad y orgullo de los sevillanos, para la celebración de cócteles y francachelas con sus amigotes en salones que deben ser intocables, sin pagar ni un euro, o sea, con la recaudación proveniente de las visitas turísticas al monumento (si eso no es robar, que venga Dios y lo vea).
¿Por qué no se divierten en la Alameda, con lo “preciosa” que la ha dejado su camarada Torrijos? Mientras tanto, el señor Carranza sigue esperando el salón prometido para exponer su colección de azulejos. No se puede aguantar tanta zafiedad e incultura, pero no se le pueden pedir peras al olmo. Creo que, como yo, todos los sevillanos esperamos que todos estos impresentables acaben como tienen todas las calles de Sevilla: detrás de las alambradas, o sea, en Ranilla.
EL GIRALDILLO