Otra vez los Jardines del Prado. A toro pasao…
No saben ustedes todo lo que se oye y se ve desde aquí arriba, aparte de los grupitos que escogen mis dominios para desahogarse y ponen a más de uno como para que se duche a continuación (será que ya no se atreven a hablar ahí abajo ni siquiera por lo bajini).
Ahora por lo visto se ha vuelto a remover la cuestión de los Jardines del Prado de San Sebastián, precisamente cuando desde aquí veo la altura que llevan ya las obras.
No me explico cómo funcionan las cosas en esta Sevilla o, mejor dicho, cómo funcionan estos señores que se creen los amos de mi ciudad. Si dicen que hay un montón de denuncias, que hay unos miles de firmas en contra de esta barbaridad, y que la Justicia dice primero que las obras se suspendan cautelarmente (no, si yo acabo sabiendo de leyes más que ellos, sobre todo de las de sentido común, que es el menos común de todos los sentidos) y al día siguiente las vuelve a permitir, para que después llegue la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que las prohíbe, ¿cómo tienen estos señores la osadía de seguir adelante con el proyecto por encima de todo? ¿Sólo para que una señora, que en su casa la conocerán, se ponga una medallita que le darán, seguro, por haber destrozado unos jardines preciosos para construir una biblioteca y “otros usos”? No lo creo. Que dejen libre al gato…
He oído muchas veces que el desacato a la autoridad está penado. Entonces, ¿cómo es que estos señores están en la calle tan panchos? Todo esto tiene una definición tan fuerte…
Su prepotencia los lleva a saltarse a la torera a la Justicia y a todo el que quiera hacer valer unas normas no sólo legales sino de conciencia, y cometen así un destrozo, para disgusto de los sevillanos, en el que se trasluce el desahogo de su veneno, su envidia y su deseo de hacer desaparecer lo que otros hicieron con dignidad y por lo menos con estética.
Torres más altas han caído…
EL GIRALDILLO