Pobre Sevilla. El fracaso de un salvaje ha ayudado a algunos
He oído más de una vez que Dios escribe derecho con renglones torcidos, o algo así, y este ha sido el resultado de la fechoría de un hombre sin fortuna, que al no saber cómo descargar su odio hacia los que no piensan como él, ha intentado ofender a Dios, o sea, al Señor de Sevilla, al Gran Poder.
Le ha salido el tiro por la culata.
Puede que algunos, por las circunstancias que sean, hacía tiempo que no pisaban su Basílica, pero ha bastado esta salvajada para que sevillanos de todas las condiciones estuvieran desde el amanecer haciendo cola en su puerta para rendirle su homenaje y desagraviar al que todo lo puede y que seguramente ya ha otorgado su perdón.
Qué alegría ver desde estas alturas a Sevilla comportándose como lo que es: una señora que nunca abdicará de sus convicciones, aunque algunos quieran convencerse de lo contrario. Ni una palabra más alta que la otra, ni un reproche, ni una ofensa. Silencio.
Ahora dirán que estos hechos han ocurrido incluso fuera de nuestras fronteras. La justicia, según a quien le toque juzgarlo, así lo interpretará: el Código Penal tiene muchos vericuetos. Sea como sea, para Sevilla es un vil atentado hacia una Imagen que para ella representa al Dios verdadero. Allá cada cual con su conciencia. Me refiero a los que la tienen; los demás son bultos con ojos.
¡Qué impresionantes son los silencios de Sevilla!
EL GIRALDILLO.